Contaminación lumínica

En términos científicos, por contaminación lumínica se entiende la alteración de la oscuridad natural del medio nocturno producida por la emisión de luz artificial. Según el Vocabulario Internacional de Iluminación de la Comisión Internacional de la Iluminación (CIE) la contaminación lumínica es un término genérico que indica la suma total de todos los efectos adversos de la luz artificial.

Se trata de uno de los problemas ambientales que más se ha incrementado en los últimos tiempos, debido fundamentalmente al alumbrado nocturno de exteriores y con una localización asociada al medio urbano, pero con repercusiones de largo alcance. Sus impactos negativos son muy evidentes y afectan no sólo al paisaje y los ecosistemas, alterando su biodiversidad, sino también a la salud humana.

Los mapas globales de contaminación lumínica disponibles indican que, desde finales de los años 90, no existe ninguna zona del territorio español desprovista de luz artificial parásita en la atmósfera (Falchi, F. et al., The new world atlas of artificial night sky brightness. Science Advances, vol. 2, n.º 6, e1600377, 2016). Se trata de un factor de degradación del entorno natural de origen artificial que afecta al paisaje y los ecosistemas de todos los espacios naturales protegidos existentes, y en particular en los situados en las inmediaciones de entornos urbanos. La contaminación lumínica prácticamente no ha sido contemplada en los marcos de protección de dichos espacios, y solo en casos aislados, como el Parque Natural de la Albufera de Valencia o el Parque Nacional de Doñana se han comenzado a aplicar medidas de diagnóstico, estudio y/o prevención.

La contaminación lumínica afecta de manera específica a todas las especies que desarrollan su vida activa total o parcialmente en un medio nocturno, siendo conocidos ejemplos de muy diversos grupos taxonómicos como mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces, invertebrados y plantas (Rich, C. & Travis Longcore, T., Ecological Consequences of Artificial Night Lighting, Island Press, 2005).

Además de estos problemas, la iluminación artificial es una gran consumidora de recursos energéticos. La evolución del gasto eléctrico en alumbrado público para España creció en el periodo 1990-2015 a un ritmo del 4%. El consumo energético de España es de 5.4 TWh/año, lo que supone un gasto de cerca de 950 millones de euros anuales, siendo el país con mayor consumo en alumbrado por habitante de la Unión Europea (y el segundo en valores absolutos).

Los estudios científicos sobre contaminación lumínica están cobrando un gran auge en España en los últimos años. Ya se ha mencionado que es un tema de investigación pluridisciplinar pues, aparte del problema energético y medioambiental, el abrillantamiento del cielo nocturno degrada la calidad de las observaciones astronómicas (astronomía), afecta al comportamiento y reproducción de los animales de hábitos nocturnos (biología) y descontrola los ritmos circadianos de los humanos (medicina) por citar tres de las áreas de investigación más importantes.

Los avances en el estudio de la contaminación lumínica y sus consecuencias han motivado que recientemente se realice un esfuerzo legislativo para afrontar este fenómeno. No obstante, este empeño legislativo no se ha beneficiado del conocimiento científico contemporáneo sobre el fenómeno en su dimensión real. Entre otras causas, debemos culpar a la dispersión del conocimiento debido a su carácter multidisciplinar y a la excesiva compartimentación entre disciplinas.